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Grupo Coordinador de Ministerios Hispanos

Nuestro objetivo: el acompañamiento espiritual  

(De la carta “Evangelii Gaudium,” El Gozo del Evangelio, del Papa Francisco, 2013)

 

169. En este mundo, los ministros ordenados y los demás agentes pastorales pueden hacer presente la fragancia de la presencia cercana de Jesús y de su mirada personal. La Iglesia tendrá que iniciar a todos – sacerdotes, religiosos y laicos– en este “arte del acompañamiento.” El paso que se le da a este acompañamiento debe ser continuo y reafirmante, un reflejo de nuestra cercanía y mirada compasiva, que al mismo tiempo sana, libera y alienta a la madurez en la vida cristiana.

170. Aunque suene obvio, el acompañamiento espiritual debe acercarnos más y más a Dios, en quien alcanzamos la verdadera libertad.

171. Hoy más que nunca, necesitamos de hombres y mujeres que, desde su experiencia de acompañamiento, conozcan los procesos que requieren de prudencia, comprensión, así como de espera y docilidad al Espíritu, para así cuidar a las ovejas de los lobos que intentan dispersar el rebaño.

Necesitamos ejercitarnos en el arte de escuchar, que es más que un simple oír. En la comunicación, la escucha es una apertura de corazón que hace posible el acercamiento, sin el cual un auténtico encuentro espiritual no puede ocurrir. La escucha nos ayuda a encontrar el gesto y la palabra oportuna que demuestra que somos más que simples espectadores.

Sólo a partir de esta escucha respetuosa y compasiva, podemos encaminarnos en un verdadero proceso de crecimiento, y despertar un deseo por el ideal cristiano: el ansia de responder plenamente al amor de Dios y de madurar lo que El ha sembrado en nuestra vida. Pero esto requiere de paciencia...

172. El acompañante sabe reconocer que la situación de cada persona ante Dios, y su vida en gracia es un misterio que nadie puede conocer plenamente desde afuera. El Evangelio nos propone corregir y ayudar a crecer a una persona a partir del reconocimiento de la maldad objetiva de sus acciones, pero sin emitir juicios sobre su responsabilidad y culpabilidad.

Un buen acompañante no se deja vencer por frustraciones o temores. Siempre invita a dejarse curar, a cargar su camilla, a abrazar la cruz, a dejarlo todo, a salir siempre de nuevo a anunciar el Evangelio. Nuestra experiencia de dejarnos acompañar y ayudar, y la apertura hacia quienes nos acompañan, nos enseña a ser pacientes y compasivos con los demás, y a encontrar el modo de ganarnos su confianza, apertura y disposición para crecer.

173. El auténtico acompañamiento espiritual siempre se inicia y se lleva adelante en el ámbito del servicio a la misión evangelizadora. La relación de Pablo con Timoteo y Tito es ejemplo de este acompañamiento y formación en medio de la acción apostólica. Al mismo tiempo que les confía la misión de quedarse en cada ciudad para «terminar de organizarlo todo» (Tt 1,5; cf. 1 Tm 1,3-5), Pablo les da criterios para la vida personal y acción pastoral. Esto se distingue claramente de todo tipo de acompañamiento intimista, de autorrealización aislada. Los discípulos misioneros acompañan a los discípulos misioneros.